viernes, 11 de enero de 2013

Rubén Viani


“Es bueno lo que está pasando con los musicales”

RUBÉN VIANI, DIRECTOR DE TEATRO

–Terminaste 2012 con el montaje de dos obras de Gustavo Lista, ¿coincidencia o elección?
–Una elección, ya que conocí a Gustavo hace dos años, hizo una revisión dramaturgica en algunos ejercicios que yo estaba trabajando con alumnos y me
gustó mucho como escribe y nos entendimos muy bien. Le propuse incorporarse a mi estudio de entrenamiento actoral.
–¿Qué planes hay para este año?
–Estas dos obras van a seguir en cartel y estoy trabajando sobre una obra de teatro musical para estrenar en mayo. Además, estoy trabajando en versionar y adaptar, para teatro de texto, una película.
–¿Qué le aportó a tu rol de director ser maestro de actores?
–Para mí fue fundamental la docencia para el rol de director.
Me dio el entrenamiento de estar constantemente viendo como poder ayudar al actor en sus dificultades, a distinguir entre cuestiones que tienen que ver con el instrumento o de comprensión y análisis de situaciones y ayudar a que encuentren la mejor herramienta para potenciar su trabajo.
–¿A qué atribuís el crecimiento de los musicales en la cartelera?
–Creo que es bueno lo que está pasando con los musicales, fundamentalmente todo lo que está aportando el off, porque esto quiere decir que hay camadas
que están decidiendo hacer su propia experiencia creativa y original desde el texto, la música producción, etcétera. Creo que la raíz de esto es que hace 20 años empezaron a abrirse escuelas de formación integral.

Está abierta la incripción para los seminarios de verano de Rubén Viani: info@rubenviani.com.ar

Fuente: Tiempo Argentino

Anita Martínez: Despedida de casado y Mar de fondo



"Soy una teatrista"

Arrolladoramente simpática, la talentosa actriz divide su tiempo entre las labores de madre y las funciones de Despedida de casado y la remake teatral del programa Mar de fondo.

Para llegar a la casa que Anita Martínez alquiló en Villa Carlos Paz se necesita juntar coraje e ir algunos kilómetros cuesta arriba por la montaña. Es que la actriz buscó la tranquilidad serrana y se instaló en un chalet estilo inglés con quincho y pileta para compartir  con su hijo de cuatro años, su ex suegra y amigos.
Es la casa más llamativa de la cuadra. Paredes blancas, techo rojo y dos estatuas con forma de león que enmarcan el portón de ingreso a la vivienda por el que aparece Martínez, de vestidito floreado, al grito de “¡Ya va, es que se me escapa la tortuga!”
Por estos días, la actriz divide su tiempo entre las labores de madre, las funciones de Despedida de casado  en el teatro Candilejas de Carlos Paz, y la remake de Mar de fondo una vez por semana. Aunque asegura que la situación de entrevista logra ponerla un poco incomoda, la actriz jamás pierde su gracia y se presenta desde el patio con una bandeja llena de copas, una jarra de jugo y perritos que la escoltan.

–El aire serrano te pega bien…
–¡Yo quedé embarazada acá, así que imaginate! Yo digo que mi hijo es carlospacense, porque fue concebido en una siesta veraniega. Es divino venir acá. Yo no tenía pensado hacer temporada, porque desde que nació mi hijo quise hacer unipersonales y administrar mis tiempos. Yo me separé cuando él era muy chiquito y ahora sentía que tampoco daba para hacer temporada, pero cuando me contaron el elenco me entusiasmó y me lancé a la aventura.
–¿Con qué tiene que ver esto de volver al ruedo de la comedia?
–Cuando vos laburás con autogestión es mucho sacrificio. Yo hice muchos espectáculos para chicos y unipersonales, y ese laburo es muy sacrificado. El nene tenía dos meses y yo ya me lo llevaba de gira dándole la teta en el auto. ¡Viajaba con el sonido, la escenografía, los títeres y la cuna! Terminé muy agotada porque soy hinchapelota y me quemé la cabeza. Esto, con un elenco, es un respirito, un descanso. Me siento una diva, porque estoy desacostumbrada a estar tan tranquila. No puedo conmigo.
–¿Por qué fue, en su momento, la decisión de autoabastecerte?
–Tengo un tema muy tremendo con la fama y el éxito. Le temo a toda esa ficción. En lo único que creo es en el trabajo. Yo crecí así y eso es lo esencial. El mundo de la fama, de las fotos, del maquillaje… lo detesté toda la vida porque siento que no tiene fondo. Nunca voy a salir a pelearme con nadie en la tele y por eso no hay lugar para mí ahora. Elijo vivir con menos y me acomodo.
–Decís que odiás las notas, las fotos. ¿No sos amiga de la prensa?
–¡Me gusta Tiempo Argentino! Por eso accedí. Además, creo que es distinto cuando uno puede explicar las cosas como las siente. Simplemente que no es una revista de chimentos, es un diario y no tiene que ver con la cosa cholula de si estas soltera, separada o en bikini.
–¿Cómo te definís profesionalmente?
–En una búsqueda de seguir experimentando. A mí eso de la comedia me parece divino, pero vengo de la disciplina de la danza. Por eso me considero investigadora, es algo que me gusta. ¿En el imaginario popular soy una sex symbol? (risas). Yo me considero una teatrista, una estudiosa, una mina a la que le gusta curiosear en este laburo.
–¿Te asusta la política?
–Tengo un debate interno respecto de la política; siento que estoy siempre con dudas. Soy apolítica y apartidaría, y me cuesta mucho darme cuenta cómo hace un político para querer dedicarse a eso toda la vida. Me cuestan mucho los espacios de poder, y el rol de jefa no me sienta bien.
–Lo tuyo es la maternidad.
–Totalmente. Ser madre me estableció la prioridad y me enseñó a elegir las cosas que realmente quiero hacer. Si puedo hacer algo lindo para chicos, mejor, y no me vendo al mejor postor. Laburo mucho en equipo y donde me siento cómoda.


Con dos obras

Después de un año donde Anita Martínez anduvo por los escenarios de todo el país con sus unipersonales, optó por volver a la comedia y hacer temporada en Villa Carlos Paz. Está encabezando la comedia Despedida de casado junto a Esteban Prol, Atilio Veronelli y Ximena Capristo en el teatro Candilejas (de miércoles a domingo) y los martes (su "día libre"), en la misma sala, se presenta con sus clásicos personajes del recordado magazine Mar de fondo, que tendrá su versión teatral este verano, tras diez años de ausencia en la pantalla chica.
"La pampa tiene el ombú y el ñandú la ligereza…. Mi picho acá colgado tiene una hermosa cabeza", lanza histriónica Martínez, mimetizada en su personaje llamado Adelmar, el viejito que interpreta en Mar de fondo.

–¿Adelmar es el personaje que más te gusta hacer?
–Si. Es uno de los que más me divierte; incluso le hice su propio títere (ver foto). A mí me parece que generé una cosa que me encanta de mí, y es que los varones siempre me respetaron mucho. Digo lo que se me cantan las bolas y yo lo veo a él y me siento un tipo. Es un laburo teatral que está buenísimo.

Fuente: Tiempo Argentino

Pompeyo Audivert, Paloma Contreras y Adriana Aizenberg: Bajo un manto de estrellas



"Esta obra es como un piedrazo en el espejo"

Los actores hablan de bajo un manto de estrellas, la pieza escrita para teatro por Manuel Puig que se estrenó esta semana en La Comedia.

Con la aparición de La traición de Rita Hayworth, primero, y Boquitas pintadas, poco tiempo después, la voz de Manuel Puig irrumpió, particular e inconfundible, en la escena literaria argentina, que hervía en los años '60. Paradójicamente, ese joven escritor que había nacido y se había formado en la tranquilidad –demasiada, quizá, para su espíritu inquieto– de General Villegas, escribió y pulió esos textos –y los otros que le siguieron– en su derrotero por distintas ciudades de Europa y en Nueva York, lugares que soñaba conocer por su amor al cine y adonde partió muy joven en busca, precisamente, de un lugar en esa industria. ¿Por qué, entonces, el teatro no le dio oportunidad hasta bastante más entrada su fama y su carrera y, aquí, tan poco se sabe de ese cuerpo de obras que produjo más cerca de los '80? Para tratar de responder algunas de esas preguntas, la cartelera porteña estrena esta temporada dos obras que, aquí, aun no se vieron.
La primera de ellas, Bajo un manto de estrellas –que estrenó en el teatro La Comedia– es una apuesta ambiciosa: un texto que Puig escribió casi al final de la dictadura, en su autoexilio en Brasil, y que tres décadas después aborda un grupo de cinco actores consagrados (Pompeyo Audivert, Adriana Aizenberg, Héctor Bidonde, Paloma Contreras y María José Gabin), bajo la atenta mirada de Manuel Iedvabni. "Una comedia perturbadora", promete desde el afiche de promoción. Y esa es la primera línea para intentar describirla.

–¿Cómo les llegó la propuesta de contar un texto de un autor que no asociamos tanto a la dramaturgia como a la literatura?
Pompeyo Audivert: –Manuel trajo la propuesta y nos juntamos para empezar a convocar a los actores. Entre los dos decidimos y él hizo los trazos generales, trabajando juntos de una manera muy orgánica. Cuando leo obras, por lo general, empiezo con una cierta fatiga porque tengo la sensación de que no voy a encontrar nada muy nuevo. Siendo Puig tenía, sin embargo, cierta excitación. Y a la primera carilla ya me volvió loco. Tiene una forma de escritura y de creación extraordinaria. Es muy beckettiana en su forma, y Puig amplía las preguntas y las complejiza en cada línea. La obra puede ser, además, la emanación de una radio que se cruza con una realidad y se transforma en una representación.
Adriana Aizenberg: –A mí me convocó Pompeyo. Habíamos trabajado juntos en 2012 haciendo Extraños en un tren, y me dijo "este papel es para vos". Cuando leí el texto, que no conocía, me pareció fantástico, porque nunca había hecho un tipo de obra con este lenguaje, con este estilo, porque más que una obra parece una radionovela. Es una obra difícil, con un texto muy complejo que me costó mucho respetar, porque forma parte del estilo de la producción. Cuando tomamos la responsabilidad de terminar de poner la obra, con Pompeyo un poco a la cabeza, le dimos una vuelta.
–Y estrenaron nada menos que en General Villegas? (N. de R.: en un homenaje por los 80 años del nacimiento del escritor realizado en noviembre pasado)
AA: –En Villegas todo estaba muy a favor: estrenamos en el marco del aniversario, estaban todos los expertos de las cartas, la literatura, la dramaturgia, actrices que habían trabajado en sus puestas. El día que estrenamos, hicimos en la radio el primer acto como una radionovela, con relator y todo. Eso nos dio mucha seguridad de que estamos en el camino correcto.
Pompeyo Audivert: –A mí, la obra me interesó desde un primer momento porque es como un piedrazo en el espejo, en el sentido de que trabaja sobre una fuerza teatral de estallido que rompe la idea del teatro reflejo. No se sabe del todo en qué tiempo está –está en un tiempo teatral– y los personajes van cambiando, como si fueran fragmentos de ese espejo roto que están dentro de un caleidoscopio y se reacomodan permanentemente, dando nuevas versiones. Los personajes mismos confunden a los otros con quienes no son... La convención de la no identificación de cada uno es muy fuerte. El truco es ese: el estilo, que es como un extraño señuelo para que uno entre y, una vez ahí, pegar el piedrazo.
Paloma Contreras: –En Villegas, Cacho Bidonde –que interpreta al dueño de casa y además, empezó su trabajo como actor en la radio– abrió la lectura con una potencia que nos marcó mucho el estilo. Fue una experiencia lindísima, que disfrutamos mucho. Cuando trabajo un autor, me empiezo a enamorar. Y con Puig, estar en su casa, con gente que nos contó cosas de su carácter, de su personalidad, empezó a formar parte de un ser particular que formó una época determinada, de un ser argentino, de una libertad increíble.

Puig escribió Bajo un manto de estrellas en 1981, en pleno autoexilio en Río de Janeiro, y se estrenó un año más tarde en esa misma ciudad. El escritor sentía, según confesó en cartas y conversaciones con su familia y amigos, que en su país de origen había poco interés sobre su dramaturgia, a pesar de que, especialmente más cerca de su muerte, estaba trabajando, entre otras cosas, en la adaptación de El beso de la Mujer Araña al musical que se convirtió en un clásico de Broadway y que aquí hizo, luego, Valeria Lynch (ver Año Puig).

ESTILO. Para trabajar con una obra que parece no poder encasillarse fue un desafío para el elenco. "Hay que pegarle el palo a ver de qué género a qué género va pasando. Pasa de un policial a un radioteatro a un dramón a momentos de liviandad, y eso fue muy hermoso de descubrir. Tiene todas las exigencias y las herramientas de una buena obra. Está construida muy a conciencia. No se siente como un texto implantado de otro. Ese recurso pirandelliano de que un actor haga otro papel y sea ese mismo actor y no otro (N. de R.: De los cinco actores, hay dos que representan varios personajes durante la pieza), y que los pedidos que el autor hace sean tan puntuales, tan detallados, la enriquece muchísimo", dico Audivert.
Para Aizenberg, en esta obra en particular, "el texto hay que respetarlo a muerte. No es fácil, depende de cierto ambiente y el vestuario ayuda muchísimo, el arreglo de cada personaje que tiene que estar perfectamente presentado, el melodrama se potencia en lo puntilloso de los detalles, me encanta y me divierte muchísimo que los personajes sean así".
"Cada tanto, volvíamos a la primera descripción del ambiente y los pedidos de Puig. Para cerrar dice 'todo es muy estilizado, nada natural', y esa es la clave: cada tanto había que volver a eso para no olvidarse", agrega Contreras.
Las actrices se iluminan cuando hablan de la pasión que sienten por lo que hacen: "El día que yo pierda el entusiasmo, me retiro. Para cada propuesta de trabajo tengo una dedicación total. Me cuesta hacer cosas simultáneas y, por suerte, he tenido cero encasillamiento en mi carrera, especialmente la teatral: pasé de Venecia a Las niñas patriotas. Y esa diversidad me da muchísima alegría. A esta altura de mi carrera, esta obra es un bombón", dice Aizenberg, quien interpreta a la Dueña de Casa. La más joven del elenco asegura que, "más allá de la estética que uno está asumiendo, hay una verdad como ente, y en este caso la pregunta, todo el tiempo, era '¿hasta dónde puedo llegar con este recurso?'".  «

Identidades confusas

Para Pompeyo Audivert, esta es una de las pocas oportunidades en la obra de Puig –y, ciertamente, en su producción dramática– donde se esboza una idea de sus posiciones políticas. "Bajo un manto... es un texto atravesado también por el grito histórico, en el sentido de que tiene muchas reminiscencias con nuestro pasado reciente, lo que la hace aún más atractiva. Todo el tema del exilio y la apropiación, la identidad fantasmagórica, birlada, secuestrada, abducida por un proceso histórico está tratado no en un solo plano, sino en varios a la vez. Y esa es la máquina poética que desata Puig", dice. Si bien nunca se pronunció demasiado abiertamente sobre sus posturas políticas, el escritor estaba, hacia el final de su corta vida, más abierto a decir lo que pensaba. "Con su sensibilidad de artista, estoy segura de que él captaba lo que estaba pasando. A nosotros nos gustó darle una lectura más política, desde el momento del país y también de la propia obra: la juventud como presa de sacrificio, la locura de los viejos retrógrados que siguen fantaseando, la sustitución de las identidades", aporta Contreras. "Desde mi personaje, hemos dicho muchas veces '¿dónde está la voz de Puig? ¿En la hija?' Y en el primer acto, pareciera que esa víctima, que necesita brazos abiertos, es la voz de Puig. También hay algo de lo salvaje, de lo exótico, metido ahí, medio carioca, medio desbordado en eso. Ahí se ve la influencia de su vida en ese momento."

Director de raza - { Iedvabni }

Manuel Iedvabni debutó como director en 1954. La obra era otra ópera prima, Una gota para el mar, que estrenaba Osvaldo Dragún en el IFT. Fue el fundador y director de tres míticos espacios independientes, que marcaron la escena del teatro porteño. En 1968, el Teatro del Centro. Los '80 lo encontraron primero fundando el Teatro Contemporáneo y, cinco años más tarde, el Galpón del Sur.
A pesar de que en su extensa carrera abarca más de 90 puestas –no menos de veinte son autores argentinos, y es sabida su predilección por el teatro alemán, en especial el de Bertoldt Brecht–, nunca había puesto un Puig. "Había intentado hacer, hace diez años, Triste golondrina macho (que este año sube en el San Martín), pero no estaban los derechos. Así que llegó Bajo un manto... para suplir esa falta", dice. "Las obras me interesan o no, me golpean o no, y me impresionó mucho el extraordinario humor desencajado, el erotismo a flor de piel, esa cosa tan de Puig que es inclasificable, y tenía ganas de hacerle justicia a un tipo que me había gustado cuando había leído sus novelas", explica. La decisión de respetar el texto a rajatabla en esta versión fue "estilística. Es muy difícil e improbable hacer una aventura por cuenta de uno mismo con Puig, porque su lenguaje te obliga, hasta el tú debe mantenerse. Si se saca, pierde el encanto."

El año de Manuel Puig

A fines de 2012, Manuel Puig hubiera cumplido 80 años. Murió, prematuramente, a los 56 años, en 1990, en Cuernavaca, México, donde había llegado desde Río de Janeiro, su residencia anterior, para vivir con su madre, Male, inspiradora –junto con sus tías, primos y otros parientes de Villegas– de los personajes de sus primeras novelas, La Traición de Rita Hayworth y Boquitas Pintadas. "Finalmente, voy a tener un chalet de star, piscina y otras comodidades, como un escritor de mi categoría", se jactaba con ironía ante sus amigos.
El homenaje del que el elenco de Bajo un manto... formó parte, en su ciudad natal, fue el puntapié inicial que indicó que iban por el camino correcto. Pero las anteriores experiencias de las puestas de Puig en escenarios porteños pasaron siempre con altibajos. En 1995, sí, fue exitosa la versión de El Beso de la Mujer Araña con Valeria Lynch, y dirección del puestista original, Harold Prince.
Pero en 2006, Luciano Suardi intentó una adaptación de El Misterio del Ramo de Rosas que resultó fallida. No por la innegable calidad del elenco –Cristina Banegas y Dominique Sanda encarnaban a la paciente y la enfermera de la historia– sino porque la puesta no funcionó. Esa misma obra había sido dirigida en 2004 por Mónica Buscaglia, con Ana Padilla y Roxana Randón.
Boquitas Pintadas, tal vez una de las mejores novelas argentinas del siglo, tuvo su versión en cine, y una osada representación en teatro en 1997, en el Teatro San Martín. El espectáculo combinaba texto, danza y música, y estaba ideado y dirigido por dos grandes: Oscar Araiz y Renata Schussheim. Es justamente el mismo complejo teatral que ofrecerá, este 2013, la primera puesta de Triste Golondrina Macho, dirigida por Guillermo Arengo y Blas Arrese Igor en el Regio.


Fuente: Tiempo Argentino

jueves, 10 de enero de 2013

La jaula de las locas


Una diversión para el verano

Merece especial menció, la creación que Gabriel Goity realiza de su Alban, suerte de Cruella De Vil. Correcto y medido Miguel Angel Rodríguez, en el personaje de Renato. Un espectáculo ideal para el verano y su vaudevillesco ritmo marca una línea que el público se revela ansioso de seguir.

Esta es una comedia francesa que Jean Poiret, actor y escritor francés escribió y protagonizó, en París, hace cuarenta años. Varias versiones cinematográficas, más decenas de países en los que fue representada, hablan de la popularidad de este "clásico".
Dos son los protagonistas, Renato y Alban, pareja desde hace años y dueños del club de travestis "La jaula de las locas", en el queAlban también canta y baila. El conflicto se desata cuando el hijo de Renato, nacido de una pareja anterior con una mujer, avisa que se va a casar y como su novia pertenece a una familia conservadora, con una madre de costumbres rígidas y un padre que ha hecho su campaña política bajo el lema "Familia, progreso y moral", el
veinteañero, le pide a su padre y a Alban que oculten su condición homosexual y su relación con el club de travestis.

LENGUAJE COLOQUIAL
El alboroto que el pedido desencadena en la pareja, los travestis y el mucamo gay de estilizada figura y tacos altísimos, es el nudo alrededor del cual se desarrolla la comedia.
La versión dirigida por Carlos Olivieri se caracteriza por su excelente ritmo y el tono de comedia liviana, dado fundamentalmente para entretener a un público multitudinario, que busca la diversión con sus actores preferidos.
Con un lenguaje coloquial, algunas búsquedas efectistas y de fácil repercusión, predominio del chiste verbal y del humor de situación, la obra logra el propósito de divertir y mantener un tono de music hall, especialmente en los intermedios entre la concatenación de escenas. Momento en que el club travesti a través de sus miembros salta a la platea e inicia diálogos y saca fotografías a figuras conocidas y no tan conocidas.

VEDETTE INDISCUTIDA
Una escenografía decididamente "camp" y un vestuario de muy buen gusto completan el cuadro, en el que merecen especial mención, la creación que Gabriel Goity realiza de su Alban, suerte de Cruella De Vil, como se dice en escena y heroína de Copi. El personaje de Alban es francamente desopilante y la recurrencia a ciertos matices caricaturescos más una verdadera batería de recursos gestuales, hacen de su personaje la verdadera vedette de la obra. Su Alban es un completo trabajo de composición que abarca fondo y forma.
Correcto y medido Miguel Angel Rodríguez, en el personaje de Renato, que interpretara varias veces anteriormente. Disparatado y simpático Nicolás Armengol, junto con Jorge Priano y populares figuras como Juan Alari y Carlos Kaspar, más un elenco entusiasta. "
"La jaula de las locas" es un espectáculo ideal para el verano y su vaudevillesco ritmo marca una línea que el público se revela ansioso de seguir. Atractiva la música de Martín Bianchedi.

Fuente: La Prensa

Juan Carlos Calabró


Juan Carlos Calabró fue internado

El humorista de 78 años debió ser hospitalizado para hacerse unos estudios. Se encuentra en el Hospital Británico y le están realizando diálisis.

Juan Carlos Calabró fue internado nuevamente. El cómico está hospitalizado desde el martes en el Hospital Británico para hacerse una serie de estudios.

El cómico ya había sido internado el año pasado por un problema de salud que acarrea: su médula no fabrica glóbulos rojos y por eso mismo debe someterse a estudios periódicamente.

De cualquier manera se encuentra en buen estado e incluso habló con Teleshow, medio al cual le confirmó la internación. Afirmó que está con diálisis y que se “está cuidando”.

Calabró, de 78 años (en los primeros días de febrero cumplirá 79) le explicó a Clarín en noviembre cómo comenzaron sus problemas de salud: “Tuve dos transfusiones de sangre por baja de glóbulos rojos, y a los 15 días empecé con una tos fuerte y me diagnosticaron una infección en los dos pulmones, que pudo ser consecuencia de muchos años de cigarrillos. Estuve 20 días con antibióticos y ya me repuse”. Se espera que en los próximos días pueda ser dado de alta.

Fuente: Télam

Nancy Dupláa: El hijo de puta del sombrero



Nancy Dupláa vuelve al teatro, luego del éxito de "Graduados"

Lejos de la comodidad del éxito de “Graduados”, la actriz redobló la apuesta para ponerse en la piel de una cocainómana en “El hijo de puta del sombrero”, la puesta que comparte con Pablo Echarri y Fernán Mirás en el Teatro Auditorium.

Con su nombre y apellido asociados a un triunfo televisivo capaz de quitarle el trono a Marcelo Tinelli después de 15 años, Dupláa tardó menos de un mes en sacarse el traje de Loli Falsini, el entrañable personaje de la tira, para reemplazar a Florencia Peña (que se fue a conducir “Dale la tarde” a El Trece) en la propuesta que dirige Javier Daulte.

“El de Valeria es un personaje muy fuerte y distinto a lo que estaba haciendo, porque viene de un contexto de marginalidad, agresión y falta de educación que la hacen consumir sin pensar en las consecuencias; es una mujer con un agujero emocional muy grande”, explicó Dupláa a Télam antes de comenzar la función.

“Y a la vez -agregó- tiene una relación con Mario (Echarri), un ex adicto que acaba de salir de la cárcel, de mucho amor y de transgresión, de muchos límites que provocan heridas gravísimas y lo curioso es que no me resultó difícil ponerme en su lugar, porque si bien no se me parece en nada, es como si pudiera sacarla de adentro mío”.

Sin embargo, el cambio radical de personajes no fue fruto de una intencionalidad actoral de la actriz para no quedar asociada al papel de Falsini, sino más bien el resultado de una absoluta casualidad.

“Estos cambios abruptos me pasan seguido, lo cierto es que siempre me proponen proyectos diferentes; no lo busco, ni tengo deseos de determinados personajes: disfruto de las cosas que vienen y listo”, advirtió la actriz de programas tan disímiles como “Verano del 98” y “22, el Loco”.

Y agregó: “En este caso admito que es casi esquizofrénico, porque me metí en algo absolutamente opuesto pero como no soy de esos actores que son `tomados por el personaje y necesitan salirse´, me lo tomo de otra manera y disfruto lo que me viene”.

Hoy, alejada de la pantalla que le valió un promedio de 23.4 puntos de rating, y explorando las bondades del teatro, un camino muy poco transitado en su extensa carrera, Dupláa se refiere al “Hijo de puta del sombrero” -actualmente cuarta en taquilla en la ciudad balnearia- como la propuesta que marcó oficialmente su debut.

“Hacía 14 años que no estaba arriba de un escenario, excepto por `El vestidor´ con Federico Luppi y la temporada con “Montaña Rusa”, así que prácticamente no tenía experiencia”, remarcó.

“Lo estoy conociendo y disfrutando -agregó- esta es una estructura totalmente diferente a la tele y la tira, pero para hacerlo descubrí que hay que tomárselo con liviandad de cabeza y seguridad para jugársela, aunque estoy viviendo los procesos de ensayo con el agregado del público”.

¿Cómo fue incorporarse a una obra que estaba en funcionamiento? ¿El cambio de actriz imprime otra impronta?

Fue otra la experiencia. No pasé por los ensayos ni los procesos convencionales para una obra, pero tuvimos que ajustarnos al cuadro de situación. De un lado y de otro, porque yo estaba grabando la tira, Daulte estaba con compromisos y los chicos agotados por las funciones. El cuadro de situación era nefasto, así que me aseguré tener el libro mucho tiempo antes e incorporar la letra. No tuve mucho ensayo, pero todos nos sorprendimos por la capacidad de adaptación, porque fue todo muy rápido.

Es una obra con una energía muy fuerte; ¿cuál creés que es el atractivo para el público?

Hay varias conjunciones, pero esencialmente fue una patriada de los productores y los actores. Confiamos en el criterio de Daulte para dirigir y transformar cualquier pieza en algo maravilloso. Y Pablo (Echarri) es un tipo que se mete en proyectos no convencionales que generan contradicción. El texto es desopilante y el atractivo es que puede bancarse esa energía tan fuerte que tiene todo el tiempo.

¿Cómo se vuelve a pensar en un proyecto después del éxito de “Graduados”?

Pablo (Echarri, su marido) sacó la productora y de alguna manera siento que mi energía también debería estar enfocada en acompañarlo y en estar más con mis hijos. Pero, además, tampoco me imagino qué podría hacer. Con “Graduados” laburamos mucho tiempo antes los personajes, los textos, todo y ahora me aburguesé y quiero trabajar solo de esa manera. Pero sé que va a ser complicado.

En “Graduados” vos participaste en cierta forma del guión; ¿es una faceta que te gustaría explorar?

No, soy bruta. Dejo que lo hagan los que saben. Yo tengo flashes de ideas, esos hilos conductores entre los personajes y se me ocurrían cosas globales que las soñaba, las trasladaba y me las tomaban. Creo que sí me gustaría laburar en una mesa de trabajo, pero escribir yo, no me veo ni a palos.

Fuente: Télam

El Jorobado de París



Cibrián, Mahler y un "Jorobado" que conmueve, veinte años después

"Pasan los años y sigues aquí; cambian los Papas y sigues aquí; derrumban imperios y sigues aquí, ¿que es lo que hace que esto sea así?", cantan Magot y Filipón. Este mismo interrogante puede surgir, acaso, sobre el porqué de la reposición de "El Jorobado de París", veinte años después de marcar un hito en la carrera de Pepe Cibrián y Ángel Mahler. La respuesta surge por sí misma un segundo después de comenzar la obra: exquisita calidad.

La puesta que este ya clásico dúo propone en el Teatro Alvear supera toda expectativa. Las actuaciones, la música, el vestuario, la producción y la dirección dejan boquiabierto a un público que puede entender allí la importancia de llamarse Cibrián o Mahler. En este último caso, apellido que se destaca doblemente, con la inclusión esta vez de Damián, hijo de Ángel, al frente de la orquesta.

La adaptación de la novela de Víctor Hugo, "Nuestra Señora de París", presenta una historia conocida pero no menos vigente: un hombre que sufre encerrado en un cuerpo señalado por su fealdad intenta comprender el motivo de tanta subestimación hacia su belleza interior. Imposible hablar de este Quasimodo sin destacar la impresionante labor de Nacho Mintz, quien con su interpretación y voz infinita conmueve a los asistentes y despierta ovaciones de pie.

Pasiones reprimidas en nombre de una institución, discriminación, veneración de lo superficial, traición, incondicionalidad y amor recorren el escenario ante cada canción de este musical que parece invitar a paralelismos con la sociedad actual.

Florencia Spinelli como Esmeralda, Diego Duarte Conde como Claudio Frollo, Adriana Rolla como La Paquette, Nicolás Bertolotto como Filipón y Manuela Perin como Magot son algunos de los nombres que completan el elenco.

Si provoca aplausos interminables, si eriza la piel, si las horas pasan ligeras, si genera ganas de volver, si conquista a un público ajeno al musical y, encima, invita a la reflexión, no hay más preguntas que hacer. Por esto y mucho más, "El Jorobado de París" volvió a la escena porteña.

"El Jorobado de París" se presenta en el Teatro Alvear, Avenida Corrientes 1659. Martes a viernes a las 20.30; sábados a las 18 y a las 21.30 y domingos a las 19.30.

Fuente: Ámbito

Teatro comunitario



La trascendencia global del escenario barrial

Los más de 40 grupos de teatro comunitario de todo el país –donde cada vecino es un actor– son materia de análisis no sólo para investigadores locales sino también extranjeros.

Cuando en marzo de 1983 Adhemar Bianchi, en ese entonces integrante de la mutual de padres de la escuela número 8 de Catalinas Sur, invitó a los vecinos de La Boca a hacer teatro en la plaza, muchos creyeron que estaba loco. Venían de la dictadura más sangrienta de la historia y de sólo pensar en volver a ocupar los espacios públicos se les hacía un nudo en la garganta. Con el tiempo, no sólo compartieron sus obras en las plazas y las calles de la ciudad y del mundo sino que inauguraron una forma de hacer teatro que involucra a vecinos y vecinas de más de 10 barrios porteños y de ciudades del interior del país: hoy son más de 40 los grupos de teatro comunitario que han entendido que el arte es en sí mismo transformador social.

Lo novedoso de este movimiento es que no sólo la dramaturgia surge de lo que los integrantes quieran contar: la pérdida del ferrocarril en Patricios (pueblo ferroviario de la provincia de Buenos Aires), la destrucción de una plaza porteña para construir un shopping, los sistemas de dominación del capitalismo, casas derrumbadas y familias desmembradas por la política de Osvaldo Cacciatore; sino que la propia idiosincrasia del teatro comunitario hace que los vecinos y vecinas se involucren en la construcción de la escenografía, el vestuario y la música. Pero más allá de lo artístico, la posibilidad de contar sus propias historias pone de relieve las situaciones sociopolíticas de los barrios y las ciudades.

En qué medida y en qué sentido la participación en un grupo de teatro comunitario puede ser analizada como una forma de compromiso o de militancia, cómo se ve afectado este teatro de vecinos por la lógica territorial-comunitaria de organización y de movilización presente en los nuevos movimientos sociales latinoamericanos, fueron algunas de las cuestiones que llevaron a estudiantes extranjeros y argentinos a investigar este fenómeno.

“Mi interés por el teatro comunitario nació cuando fui a ver la Fiesta en Gira del Circuito Cultural Barracas: quedé fascinada, muy conmovida por la propuesta, por la alegría y por el calor humano”, dijo Lucie Elgoyhen, estudiante francesa que realizó su tesis sobre Teatro Comunitario para el Master sobre Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL, Universidad Paris III). “A medida que fui aprendiendo, me di cuenta que el teatro comunitario era un caso de estudio extremadamente rico para abordar un conjunto de problemáticas y sobre la Argentina y la región latinoamericana: el legado de las dictaduras y del neoliberalismo, las transformaciones de las clases medias, las mutaciones de la acción colectiva, la revalorización de la función social del arte y la movilización creciente en favor de la cultura comunitaria”, explicó Elgoyhen quien para llevar a cabo su investigación tomó como referencia estudios de Maristella Svampa, Gabriel Kessler y Ezequiel Adamovsky, entre otros.

El fenómeno, que integra en escena a grupos que van de 30 a 300 vecinos entre grandes y chicos, trabajadores y desocupados, actores profesionales y amateurs, entusiasmó también a investigadores argentinos promovidos por Marcela Bidegain quien inició el campo de investigación sobre el tema dentro del área de estudios teatrales dirigido por Jorge Dubatti en el Centro Cultural de la Cooperación.

“En el marco existencial de la hecatombe de 2001, el teatro comunitario creció y se multiplicó como nunca. Probablemente el arte empezó a dar respuestas a la gente, a potenciar gran parte del cuerpo social que estaba herido”, concluyó Alexis Rasftopolo, doctorando en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Córdoba en su trabajo sobre los dos grupos de teatro comunitario de Misiones (La murga de la estación de Posadas y La murga del monte de Oberá). Andrea Gertrudis Bogado, licenciada en Trabajo Social de la Universidad Nacional de Misiones abordó en su tesis de grado –publicada por la editorial universitaria– la experiencia del grupo de Posadas como espacio de construcción de ciudadanía.

“Creemos que cuando un grupo o una red de grupos se vinculan con actores que representan los mismos intereses en la lucha política y cultural, su potencial transformador se multiplica y sus límites desaparecen, en tanto se produce el acoplamiento de arte y política indispensable en la construcción de una nueva sociedad más igualitaria, inclusiva y participativa”, compartió Romina Sánchez Salinas, licenciada en Sociología (Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza), algunas de las conclusiones de su tesis sobre el grupo Res o no Res del barrio porteño de Mataderos. La experiencia del grupo de teatro comunitario de Rivadavia fue analizada por Clarisa Fernández doctoranda en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata y becaria del Conicet.

El interés por conocer en profundidad esta nueva forma de hacer teatro llegó también hasta Munich: “la idea motriz del teatro comunitario que sostiene que cada uno es un ser creativo en sí mismo, me encanta”, afirmó Anna-Sophie Fritsche estudiante de Ciencias Teatrales de la Ludwig-Maxilmian-Univeristät. En estos años han sido publicados varios libros de referencia como el de la propia Bidegain ( Teatro comunitario, resistencia y transformación ), el de Lola Proaño ( Teatro comunitario argentino: una fisura en la estética de la globalización ), el de Edith Scher ( Teatro de vecinos ), el de Claudio Pansera ( Cuando el Arte da Respuestas ) y el de Diego Rosemberg ( Teatro Comunitario Argentino ).

Cuando en diciembre de 2001 parecía que el país se caía a pedazos, la necesidad de pertenencia e integración dio origen a nuevos grupos (Matemurga, Alma Mate, El épico de Floresta, Los Villurqueros, Los Pompapetriyasos, 3.80 y crece, Los Cruzavías) que festejaron hace unas semanas sus 10 años de vida en el pueblo de Patricios, uno de los paradigmas de la organización comunitaria.

Fuente: Revista Ñ

Lila Monti: Povnia



La risa como opción ante el desarraigo

La payasa Lila Monti presenta su unipersonal “Povnia”, que estrena este sábado 12 de enero en el Teatro Beckett. En esta nota, un paneo por este género en expansión.

Ella es Una. Viene de Povnia, pero ya no le queda nada. Sola en un lugar que no conoce, crea y recrea, desde el principio. “Povnia es la historia de cómo Una puede no sólo sobrevivir sino también vivir feliz en lo nuevo que encuentra. Es cómo alguien elige renacer”. Así lo describe Lila Monti –alter ego de Una–, clown, docente y directora, que habló con Ñ digital recién llegada de Europa, donde estuvo dando talleres y presentando su nuevo obra.

Monti hacía teatro desde chica, pero su carrera redefinió su rumbo cuando se topó con Guillermo Angelelli –que ahora dirige su espectáculo junto con Cristina Martí. “Desde que empecé, no pude parar nunca más. Me agarró como una adicción, me daba muchísima felicidad estar en el escenario con la nariz puesta –cuenta–. Si soy actriz, payasa o un mono no me interesa. Este es mi modo de expresión y creo que una obra de clown puede estar programada dentro de un festival de circo, clown o teatro”. No hace falta, pero igual lo aclara, porque pese a la creciente expansión del género, todavía son muchos los que insisten en separar al clown del teatro en general.

-Acá está el prurito intelectualoide de que ser payaso es una boludez. Afuera ya está más incorporado el género al teatro, no hacen diferencia, no se quita a los payasos del ámbito del teatro. Acá no me van a cerrar una puerta porque soy payasa mujer, pero sí porque soy payasa y no actriz. Son distintos prejuicios.

-Claro, sin embargo acá persiste el imaginario de que hay pocas payasas mujeres. Pese a lo que se demostró con la experiencia de Parapayasas, la agrupación fememina de clowns…
-Sí, lo que hicimos con Parapayasas fue juntar diez unipersonales y darnos cuenta de que no había ningún unipersonal de ningún varón, mientras había diez de mujeres. Y, sin embargo, todo el mundo decía: “Hay pocas payasas”. Pero no. Simplemente sucede que está instalado que hay pocas payasas cuando en realidad hay miles, de los más diversos tipos. La historia de la payasa mujer se está escribiendo ahora. En algún momento yo tuve la sensación, cuando empecé a interesarme mucho en qué era ser mujer y ser cómica, de que las mujeres necesitábamos romper con lo que se esperaba de nosotras, que es que fuéramos poéticas, lindas, contenedoras, etcétera. Ahora me doy cuenta de que no es necesario siquiera romper con eso para ser cómicas. Lo que pasó con la mujer en la comedia fue lo que pasó con la mujer en el teatro y es que en algún momento empezamos a actuar. Es inherente a lo femenino el querer agradar y hacer reír y exponer su ridículo también. No sé por qué la mujer no tuvo antes ese espacio. En general la comedia era el lugar para los varones, hay cosas que tienen que ver con costumbres. En Brasil, por ejemplo, las payasas están completamente invisibilizadas. Podés encontrar críticas enteras de espectáculos actuados por un hombre y una mujer que nombran sólo al hombre. Pero acá no tenemos problemas con eso. Sí hay un prejuicio que persiste en cuanto al género teatral en sí, pero desde adentro del teatro más bien, no desde el público. Porque lo bueno del clown es que cuando vos construiste tu puente entre vos y la gente, la conexión es fértil.

-El clown es heredero de las artes escénicas callejeras, el circo y la commedia dell’ arte. ¿Cómo persiste lo popular del clown dentro de la convención de un teatro?
-Mucha gente dice que payaso es el que trabaja en la calle y el clown en el teatro, que es no popular. Esta gente que divide me pondría a mí en el lugar del clown, pero yo soy payasa. Lo popular persiste en el contacto con el público. Ahí es dónde reside lo más interesante y distintivo de la técnica del payaso y que lo vuelve un fenómeno más fuerte. El payaso tiene un puente construido con el público, sea el ámbito que sea, use o no nariz, sea hombre o mujer. Al no haber cuarta pared, en ese vínculo entre el payaso y el público entra todo. Y eso es lo que me enamoró de la técnica y es lo que me parece más revolucionario.

Material escénico

Una nace con el espectáculo Cancionero Rojo, porque el clown de su compañero Darío Levin, que usualmente se llamaba Neptuno, se puso Neto, entonces Monti sintió la necesidad de tener un clown con un nombre corto que tuviera que ver también con la completitud. Así se dio la unión de Berta y Ute, dos payasas previas a Una que, a su vez, eran también Lila. “En algún momento necesité escindir la payasa para poder trabajar cosas diferentes, aunque desde el principio formaban parte de un solo carácter, que es el de Una, pero que yo no pude desarrollar a fondo paralelamente en una sola payasa. Al escindir las payasas lo que hice fue dilatar los bordes de Una”, explica.

-Teniendo en cuenta el debate en torno a si el clown es un personaje o no, ¿se puede hablar de más de un payaso por persona?
-Yo necesité tener dos payasas y me sirvió como modo de tránsito y experimentación. Fue útil para bajar la barrera de que hay cosas que pertenecen al payaso y otras que no. Pero después me di cuenta de que yo llamé Berta y Ute a dos calidades de energía que manejaba y que a la vez por momentos llegaban a un borde de caricatura. Pero después, corriendo todo lo que era adorno, la esencia de las dos es lo que terminó siendo Una sin la cáscara de lo que la volvía Ute o Berta. En ese sentido, uno puede tener más de un payaso en tanto y en cuanto necesite hacer esos tránsitos para encontrarse finalmente con lo que decanta. Uno no decide cómo es el payaso de uno, y en ese sentido deja de ser una construcción teatral convencional donde hay un actor que escribe. Para mí uno toma decisiones, pero también hay cosas que suceden. Lo que se puede decidir es si tomarlas y desarrollarlas o no, pero uno no escribe un personaje payaso. Una no es un personaje que sea tan diferente a mí para que lo pueda hacer otra persona, pero tampoco Una soy yo en mi vida cotidiana.

-¿Cómo es el mecanismo de transposición de una vivencia personal en una experiencia escénica?
-Ese es el trabajo del payaso: cómo partir de una cosa personal e íntima y volverla algo mostrable, volver interesante ante un público algo que es tu historia personal. El mecanismo es universalizar las experiencias propias. Si a mí me abandona mi novio y quiero hablar del abandono, puedo salir y contar mi historia personal o puedo buscar la manera de hablar del abandono en escena y nutrirlo de mi experiencia personal, pero volverlo una metáfora escénica para que cada persona pueda conectar con lo que para cada una de ellas es el abandono. Ese es el tránsito que hace un payaso. Y ahí deja de ser sólo tuyo.

La payasa suiza Gardi Hutter, una de las mejores, hace una diferencia entre lo privado y lo personal. Ella dice que está bueno cuando se ve lo personal de la persona, pero si se ve lo privado no. Cuando vos ves en escena a alguien que te está mostrando algo privado, puede ser muy incómodo, por esa cuestión de cuando ves al otro expuesto. En Alemania, por ejemplo, no se puede hacer un chiste sobre el nazismo, porque es una historia muy viva. Acá es muy difícil hacer un chiste con la Dictadura. Y ella lo que dice es algo similar. Si vos estás trabajando con algo privado que todavía no tenés resuelto y duele, el público lo percibe y lo siente como un padecimiento. Si vos ya diste una vuelta con eso y lo privado se volvió personal y después escénico, el público puede compartir la experiencia pero no el dolor. Para los payasos esa diferencia es muy necesaria por esa cuestión de que uno no construye un personaje.

-En una entrevista decís que la infancia y la vejez son los polos de la vida donde uno es un payaso natural. ¿Cuál es la relación del payaso con las convenciones sociales?
-Tiene que ver justamente con eso. Creo que lo que menos tienen los niños y los viejos es esa barrera social, esa intención de sociabilidad o correctitud que tenemos los que estamos en el medio. Los niños tienen esa pura curiosidad hacia el mundo que los rodea, porque al no tener información sobre los objetos, son capaces de transformarlos en mil cosas y gastar su tiempo en investigar una tapita como si fuera lo más astronómico del universo. Y los viejos porque ya conocen todas las mañas de la sociabilidad y lo que más tienen que cubrir son sus necesidades básicas. Hay un punto en el que el estar tan conectados con lo que verdaderamente necesitan, los vuelve muy payasos. Están conectados con sus emociones y lo que necesitan del entorno que los rodea, que les resulta incomprensible y hostil. Y tienen mucho menos control deliberado sobre sus emociones.

-¿Se puede saber de qué suceso personal partís para crear “Povnia”?
-Yo perdí muy pocas cosas amadas mías, pero la que une a Una con Lila es mi abuela. Nunca tuve sus catástrofes, pero sí en algún momento decidí que sea la que sea la historia que tenés atrás, siempre se puede construir con eso. Eso es lo yo tendría para decirle a mi hija y entonces es lo que le quiero decir a la gente.

-Dejaste de actuar cuando estabas embarazada, ¿no es así?
-Estuve un año y pico sin actuar, sobre todo porque al principio del embarazo tuve unas complicaciones. En el momento decidí parar y darle al embarazo su lugar. Yo tengo cuarenta y era la primera vez que estaba embarazada, y estaba bueno vivirlo como un evento particular.

-Osea que Una nunca estuvo embarazada…
-No, nunca incorporé el embarazo a Una.

-¿Y cómo fue la vuelta de Una a escena? Porque me imagino que pese a que ella no estuvo embarazada, habrá influido de alguna manera…
-Hubo algo en la payasa que se ablandó, en el buen sentido. Algo de la tensión o del forzar, que tiene que ver con esa intención o esa necesidad de una payasa de complacer. Ahora que el acento de mi vida está tan corrido de lugar, hubo algo de esa energía que se volvió menos pesada, siento que el cuerpo está mucho más blando que antes. Estoy menos combativa y disfruto mucho más del escenario.

FICHA
Povnia
Con Lila Monti y dirección de Cristina Martí y Guillermo Angelelli

Dónde: Teatro Beckett (Guardia Vieja 3556).
Cuándo: Sábados a las 20.30 y domingos a las 20.
Desde el sábado 12 de enero al domingo 3 de febrero.

Fuente: Revista Ñ

Stravaganza, Los Grimaldi, Viaje de locura,Usted puede ser un asesino y Gasalla Nacional


Arde la taquilla

El ritual veraniego de ir al teatro es un clásico. Por eso, productores, directores y actores afilan sus dardos para ganarse a ese público dispuesto a ver todo lo que no vio durante el resto del año.

La proliferación de obras en Buenos Aires, Mar del Plata y Villa Carlos Paz es donde se enfocan todas las miradas durante tres meses, en una abierta guerra de taquillas por seducir espectadores. Este año no es la excepción y suma una polémica por el precio de las entradas, que oscilan entre 140 y 340 pesos. Sin embargo, eso no parece intimidar al público, que ya tiene sus favoritos.

Algunos como Stravaganza - a pesar de tener las entradas más caras (más de $300)- y Los Grimaldi y Viaje de locura (ambos en Carlos Paz) suman dos y tres funciones diarias, aprovechando que sus protagonistas ganaron popularidad durante el año gracias a distintos programas de televisión como Gastón Soffritti ( Graduados) , y Georgina Barbarossa ( Dulce amor) que forman parte de la primera; o Peter Alfonso y Paula Chávez ( ShowMatch) , estrellas de Viaje...,mimados de Carlos Paz, por segundo año consecutivo.

El problema con el precio de las entradas parecen tenerlo, más bien, los contrincantes que en la feroz lucha por ganar público ofrecen descuentos para jubilados, dos por uno y otras opciones. Es el caso de la comedia Usted puede ser un asesino que encabeza Nito Artaza en Mar del Plata, que genera comentarios irónicos de colegas, como Moria Casán que escribió en Twitter: “Nito Artaza trabaja para la clase pasiva”.

Comedias, revistas, musicales, unipersonales, la variedad es inmensa, pero el bolsillo del público sólo alcanza para elegir unas pocas opciones. Frente a eso, los escándalos mediáticos y los cruces entre figuras o aspirantes a estrellas calientan esta guerra de boleterías.

Buenos Aires que, en los últimos años, se sumó a esta explosión teatral veraniega con el mismo vigor que Mar del Plata y Carlos Paz, también tiene un público a conquistar, entre porteños y turistas. Y figuras como Antonio Gasalla eligen quedarse en el asfalto y pelear de igual a igual el codiciado primer puesto. El cómico con su obra Gasalla Nacional está entre los más vistos a nivel nacional. Las cifras que maneja AADET (Asociación Argentina de Empresarios Teatrales) en realidad no indica la cantidad de espectadores (que en algunos casos como Stravaganza va por los 11 mil en diez funciones), sino la ubicación en la semana registrada. Del mismo modo, este ranking no da cifras de público por función, sino del total. Entonces, puede haber casos de obras que tengan más público por función, pero al tener menos cantidad de funciones, están más abajo en la lista. Al final de la temporada se sabrá quién ganó esta batalla que recién empieza.

Fuente: Clarín

Mar del Plata
Carlos Paz
Buenos Aires

Alejandro Paker, Nicolás Scarpino, Escandalosas y Fátima Florez


BUENOS COMPAÑEROS

Después de haber terminado la función de Humores que matan, Alejandro Paker corrió el sábado pasado a otro teatro para llegar a tiempo a la segunda función de la revista Escandalosas, con Moria Casán y Carmen Barbieri. Cuando terminó el espectáculo, las dos divas, desde el escenario, le agradecieron el gesto. Otro artista que también se quedó a ver el trabajo de un colega, en este caso, un amigo, es Nicolás Scarpino. Después de haber terminado su función de La dama de negro, asistió al debut de En el aire, el unipersonal del galán. La crítica señala que el trabajo de Scarpino sería el gran ganador de la entrega de los premios Estrella de Mar.

CRÍTICAS A LA JUSTICIA

En dos obras que se presentan en Mar del Plata hay menciones en tono de solfa a la justicia argentina. Nito Artaza le dice a un sospechoso de haber cometido un asesinato que no se preocupe, ya que el tribunal tucumano [en alusión a los magistrados que absolvieron a los 13 implicados en el secuestro de Marita Verón] tendrá a cargo su juicio. Moria Casán también se ríe del poder judicial en Escandalosas cuando Carmen Barbieri le reprocha los enfrentamientos que llegaron a Tribunales.

EL REENCUENTRO DE SABATINI

Uno de los personajes que imita Fátima Florez en su show es el de la tenista Gabriela Sabatini. En la primera fila de este espectáculo estaba sentado la otra noche el periodista deportivo Nicanor González del Solar. Cuando le tocó interpretar a la deportista, la actriz se acercó al periodista y sin dejar de lado su personaje le agradeció "por todas las notas y el respeto hacia mi carrera".

Fuente: La Nación

Escandalosas



La unión hace la fuerza

MAR DEL PLATA.- Lejos de los enfrentamientos y ataques mediáticos que incluso llegaron a la instancia judicial, dos divas del espectáculo, Carmen Barbieri y Moria Casán, se reúnen sobre el escenario para presentar Escandalosas . Superada la rivalidad, ambas comprendieron que la unión hace la fuerza y lideran la taquilla de la temporada marplatense. Con un título que promete más batahola de la que realmente se ofrece, las dos juegan a estos antagonismos acudiendo a ciertos epítetos que utilizaron en tiempos de asperezas para atacar a su otrora contrincante por ocupar el Olimpo de la revista.

Barbieri y Casán, por orden alfabético, abren el espectáculo con una de las tantas canciones originales escritas para esta revista. Lamentablemente cantan sobre una pista y hacen playback en todos los cuadros del espectáculo. Quienes no acuden a este respaldo vocal son Gisela Lepio, toda una revelación, con un timbre de voz que se asemeja al de Christina Aguilera. También se destaca Mariana Jacazzio, quien tiene una vasta formación y experiencia en nuestros musicales.

La vedette principal, Andrea Ghidone, se anima a una coreografía con un aro sin utilizar red [su número es riesgoso y esta crítica presenció la función el día previo a que sufriera una caída en vivo]. Pero si de vedettes se trata, la gran estrella de esta revista es el vestuario, a cargo de Gaby Girl's, tal es el nombre artístico de una asistente que lleva muchos años trabajando para Barbieri. En cada cuadro, 18 en total, cada miembro del cuerpo de baile y del elenco luce un fastuoso traje diferente a su anterior aparición, una apuesta que le aporta color y brillo a una revista.

El tradicional monólogo que integra la fórmula que define a este género se multiplica al promediar el show ya que hay dos cabezas de compañías, dos capocómicas, como se definen a sí mismas. Ni Moria ni Carmen sorprenden con su parlamento, ya que acuden a los lugares comunes en los que se las suele ver y escuchar en la TV (la primera, hablando de las diferencias entre hombres y mujeres; la segunda, sobre su separación y su ex marido). Pero si hay algo que saben las dos artistas es reírse de sí mismas. Esto suma al espectáculo, así como aquellas intervenciones de una diva en el cuadro coreográfico de la otra. El de Carmen está inspirado en el espíritu de la compañía inglesa de percusión y danza Stomp, influencia que no se nombra, así como tampoco el homenaje a Avenida Q en un cuadro con marionetas.

Beto César despliega lo mejor de sí en un monólogo que es, junto con la aparición de Barbieri en escena, el momento más aplaudido de la noche. La presencia de Federico Bal no aporta demasiado al espectáculo, salvo el placer del público de ver a madre e hijo juntos sobre el escenario. Las hermanas Xipolitakis, quienes han construido su fama en torno a sus peleas y a su ignorancia sobre temas básicos de cultura general, no resultan un atractivo para el espectáculo, ya que sólo una de ellas (Victoria) habla y lo hace por escasos segundos.

No hay en esta revista sketches ni números musicales en vivo. Martín Sipicki, Julián Labruna y Gustavo Monje son los presentadores que intentan hilar cuadro tras cuadro de esta variedad heterogénea de números, mientras detrás del telón se prepara la nueva escenografía. Moria y Carmen -o Carmen y Moria- apostaron a una gran producción dotada de agilidad que busca constantemente brindar escenas de gran despliegue visual.

Fuente: La Nación

Teatro: Atlas (Luro 2289, Mar del Plata)

Miguel Ángel Solá y Daniel Freire: El veneno del teatro



Feliz retorno de dos grandes actores

Miguel Ángel Solá y Daniel Freire protagonizan El veneno del teatro

Los dos se fueron de la Argentina hace 13 años. Aquí no se conocían personalmente, aunque compartían una actividad: el teatro. Miguel Ángel Solá y Daniel Freire, por distintas circunstancias, se afincaron en Madrid y comenzaron a desarrollar su trabajo alcanzando ambos una repercusión muy fuerte. Finalmente se hicieron amigos allí y empezaron a fantasear con la idea de trabajar juntos. El proyecto no fue fácil de concretar hasta que una coproducción argentino-española los unió: El veneno del teatro , una pieza de Rodolfo Sirera que, con la dirección de Mario Gas, se estrenó en noviembre pasado en Madrid y ahora hace funciones en el Maipo de Buenos Aires.

Ambos intérpretes se muestran felices por compartir esta tarea. Señalan que, en escena, cada uno se siente muy protegido por el otro. Las expectativas son grandes. "Me da mucha ilusión este estreno aquí -apunta Daniel Freire-. Me fui hace tiempo por cuestiones personales, afectivas, y cada obra que hacía intentaba ver como traerla a Buenos Aires. Esta vez el proyecto vino completo. Uno siempre guarda en el corazón las ganas de volver al lugar en el que nació, se formó. Es parte de mi espacio. Y estoy volviendo de la mano de Miguel Ángel y eso para mí es muy importante."

Solá estuvo a fines del año pasado en Buenos Aires presentando Como por un tubo , en el Sha. Esa entrada a la ciudad fue breve, igual de intensa, pero ahora siente más ansiedad: "En el compendio de las cosas más bonitas que me pueden ocurrir es saber si la gente tiene ganas de volver a verme sobre un escenario. Saber cómo queda uno en el recuerdo", dice.

El que guarda un preciado recuerdo suyo es precisamente su compañero Daniel. Se formó en la Escuela de Teatro de La Plata en los años 80. Para su generación, actores como Miguel Ángel Solá, Danilo Devizia y Manuel Callau fueron referentes importantes. "Eran actores que tenían una capacidad expresiva potente y un fuerte compromiso con lo que hacían -comenta-. Recuerdo que cuando estudiaba, Miguel fue a La Plata a presentar la película Momentos, al Cine 8, y entonces dijo cosas que marcaron realmente mi camino, que me permitieron ir organizando inconscientemente este oficio". Freire vino en los años 90 a Buenos Aires, estudió con Raúl Serrano y participó en obras como La revolución es un sueño eterno , Cuestiones con Ernesto "Che" Guevara y Ángeles en América . Luego partió a España, "por cuestiones afectivas", explica él, y allí desarrolló una carrera ascendente, tanto en teatro como en cine y TV.

Ausente de su ciudad también trece años, Solá cuenta que siguió trabajando en teatro, aunque para otro público. "El estar nuevamente acá no me parece un desafío -explica-. Es como si ayer hubiese dejado de trabajar en Buenos Aires. Me gusta el escenario, la idea de poder ofrecer un buen espectáculo. Necesito estar trabajando porque necesito probar mi cuerpo continuamente, porque tengo un cuerpo muy operado, muy lleno de accidentes y me ha agarrado una especie de obsesión de que si no trabajo voy a perder las capacidades que tengo, porque voy a dejar de confiar en mi cuerpo". Vive esto como "un interés muy egoísta", aunque se le hace notar que es puramente vital. Tanto como el recuento de la actividad que desarrolló en España junto a su ex compañera también en la vida, Blanca Oteyza. Su último trabajo juntos, Por el placer de volver a verla , se mantuvo dos años en cartel. Y luego él la dirigió en Antes te gustaba la lluvia .

El veneno del teatro , la pieza que posibilita este fuerte reencuentro con la Argentina, está muy ligada al juego escénico. Freire compone a un actor destacado, quien es convocado por un fuerte empresario para un proyecto que no se le anuncia. A medida que la charla transcurre, en un marco de notable tensión, muchos interrogantes se abren en torno del arte. Tantos que hasta parecería exigírsele que dé respuestas a cuestiones de las que sólo el arte puede proponer una reflexión.

BUENOS AIRES, AQUELLA CIUDAD
Solá ve a esta Buenos Aires con cierto dolor. "Está horrorosa. Para saber cuál fue el sueño de esta ciudad hay que mirarla desde un primer piso hacia arriba. El lugar de convivencia es espantoso. Es como un lugar que no pertenece a nadie. Está muy castigada, muy fea físicamente. Cuando vengo a Buenos Aires extraño Buenos Aires. Hay una enorme falta de cariño de parte de los que gobiernan y de los que viven en la ciudad por la ciudad. Es como si todas las maldiciones hubieran decidido terminar con la ciudad."

"ME GUSTA MUCHO EL PAÍS"
Daniel Freire repite esa frase varias veces durante la entrevista. "No sé si me planteo volver, aunque siempre sueño con hacerlo. Me gusta este país, la exuberancia, esa cosa bruta que tiene América latina. En lo bueno y en lo malo. Aunque esa cosa de estás conmigo o no estás, sos mi amigo o no, que se está dando aquí, me preocupa. Yo no soy K porque no he estado aquí, no veo el proceso. Pero no soy anti K porque creo que, en muchos aspectos, se han dado avances muy grandes en los últimos ocho años".

Fuente: La Nación

María José Gabin y Pompeyo Audivert: Bajo un manto de estrellas


“Es una obra poética con costados políticos”

Los actores protagonizan la puesta de Manuel Iedvabni que subirá a escena hoy en el Teatro La Comedia. En la obra, los personajes marcan una curiosa distancia entre lo sucedido y lo imaginado, la verdad y la mentira, el deseo y la realidad.

De no haber fallecido en 1990 tras una complicación en su operación de vesícula, Manuel Puig –uno de los autores latinoamericanos más leídos y traducidos– hubiese cumplido 80 años el 28 de diciembre pasado. Por entonces, en plena actividad creadora –tenía ocho novelas publicadas, varias comedias musicales y guiones cinematográficos–, Puig parecía decidido a dedicarse a la dramaturgia, el aspecto hoy menos conocido de su actividad literaria. Luego de dar a conocer la versión teatral de su novela El beso de la mujer araña, por la cual fue mundialmente conocido, el autor escribió en 1981 Bajo un manto de estrellas, estrenada en su versión brasileña con el título de Quero. Esta misma obra será la que, bajo la dirección de Manuel Iedvabni subirá a escena hoy en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062) con un elenco integrado por Pompeyo Audivert, María José Gabin, Adriana Aizenberg, Paloma Contreras y Héctor Bidonde. La escenografía es de Julio Suárez; la iluminación, de Roberto Traferri, y la música original, de Sergio Vainikoff.

Tras concebir esta primera obra escrita expresamente para ser llevada a escena, Puig continuó experimentando con la dramaturgia. Así, escribió en 1987 Misterio del ramo de rosas –vista en Buenos Aires en dos oportunidades, dirigida por Mónica Buscaglia y por Luciano Suardi, respectivamente–, y en 1988, Triste golondrina macho y el musical Un espía en mi corazón. Los especialistas en la obra de Puig coinciden en señalar que hay rasgos comunes en todos estos textos: una laboriosa artificiosidad, intempestivos cambios de identidad en los personajes y una pertinaz fusión entre realidad y sueño.

En cuanto al afianzamiento de su personalidad literaria, cabe señalar que el cine fue para Puig el gran disparador. Su temprana pasión por esta arte lo llevó a Italia con el objeto de formarse como realizador. Años después aclaraba en una entrevista: “Cerca de los 30 años descubrí algo que ya no podía seguir ocultándome. Yo no servía para el cine, no tenía temperamento para ese mundo. Había estado del otro lado de la pantalla y sabía, por fin, que hacer cine no era vivirlo, que la realidad de ese mundo era más agresiva, más competitiva, más feroz que aquella de la que siempre había huido, transformándome en espectador”. En repetidas oportunidades, Puig confesó saber que su estilo narrativo no fue sino el resultado de su fracaso como cineasta. Afirmaba, además: “No vengo de ninguna tradición literaria: vengo de ver cine, oír radio y leer folletines”. Efectivamente, la inclusión de lo considerado menor como género –cierto cine de Hollywood, las novelas por entregas, el cancionero popular, el radioteatro– fue lo que lo singularizó como narrador y dramaturgo.

Bajo un manto de estrellas presenta personajes que marcan una curiosa distancia entre lo sucedido y lo imaginado, la verdad y la mentira, el deseo y la realidad. Si bien los dueños de la casa solariega que aparecen al comienzo de la obra (a cargo de Aizenberg y Bidonde) logran con su conversación instalar cierto clima de realidad, el enrarecimiento de la situación va en aumento al punto de que el tiempo de la acción (fijado a fines de la década del ’40) parece retroceder o avanzar sin solución de continuidad. Con la aparición de la hija adoptiva (Contreras) ya se produce un cambio de sintonía, pero es con la irrupción de los dos visitantes (Gabin y Audivert) cuando la obra comienza a girar indiscriminadamente hacia el delirio.

Entre disfraces y frases ambiguas, estos dos personajes asumen múltiples identidades, comportándose como ex amantes de los dueños de casa, padres biológicos de la joven, ladrones de joyas, policías o médicos psiquiátricos. Todos creen reconocer en los otros a las personas que han sido causa de sus dolores y obsesiones. Así, todo lo que sucede en escena es indeterminado a expreso pedido del autor quien, refiriéndose por caso a la escenografía también advierte: “Nada es realista, todo es estilizado”.

La obra que dirige Iedvabni fue preestrenada a comienzos de diciembre en Coronel Villegas, la ciudad natal de Puig, en el marco de unas jornadas dedicadas a homenajear su figura, a 80 años de su nacimiento. Después de cuatro meses de ensayos, el elenco comprobó que la obra funciona en ritmo e intensidad. “No es un autor fácil de hacer”, coinciden Gabin y Audivert ante Página/12. “Sólo superficialmente parece que es una obra sencilla: para encontrarle relieve, hay capas y capas para descubrir en cada personaje”, sostienen, antes de subrayar que “Manolo (Iedvabni) fue muy abierto y supo tomar los aportes de los actores”.

Por su parte, Gabin afirma haber encontrado en la lectura de Pubis angelical una suerte de confirmación respecto de lo que, en la actuación, iban elaborando sobre el mundo teatral de Puig. “Leer esta novela me hizo ver que las hipótesis que sobre el mundo de Puig nos habíamos planteado en los ensayos se me iban reforzando: su obra no es ideológica pero sí profundamente política”. Para Audivert, la presencia de “las instituciones representadas por el psiquiatra, la policía y la familia tienen por objetivo encuadrar una situación desmesurada, como si tuvieran que apagar los deseos de esta hija que tiene un discurso poético muy en contacto con la naturaleza”.

–¿Cuáles son los costados políticos que encuentran en la obra?

María José Gabin: –Bajo un manto... es una obra poética que, a la vez, plantea costados políticos. Hay conflictos de clase y conflictos sobre la identidad que hay que tomar en cuenta, especialmente por el momento en que fue escrita.

Pompeyo Audivert: –Creo que toda poética bien plantada siempre está enraizada en un grito histórico. A Puig no le es ajeno el momento histórico en que escribió la obra, hacia el fin de la dictadura...

–¿Sobre qué creen que habla Puig a través de estos personajes?

P. A.: –Para nosotros la obra trata sobre la desaparición de personas tanto como de la apropiación. La hija es apropiada, está en manos de un matrimonio de la oligarquía y estos padres la tienen con ellos mediante una coartada ficcional. Pero esto no se ve desde el comienzo. Puig va escribiendo la obra y lo hace como si tirase un piedrazo en un espejo.

–¿A qué se refiere con esta imagen?

P. A.: –Puig plantea una familia, un living, un clima de realidad que luego es roto como un espejo apedreado. Después, el autor trabaja con los fragmentos y, como si fuera un calidoscopio, pone a los personajes fuera del tiempo y arma y rearma las situaciones desde diferentes perspectivas.

–¿Su intención es ofrecer significados diversos?

P. A.: –Sí, porque al armar diferentes posibilidades, estos fragmentos multiplican el sentido de lo que va sucediendo.

–El nivel de desorientación que plantea la obra atañe al espectador, pero también a los personajes...

M. J. G.: –Los niveles de la realidad son muchos, porque los personajes se atribuyen unos a otros unas identidades que van cambiando con el transcurrir de la trama. Ellos se refugian y encarnan las identidades que otros les adjudican.

–¿Las aceptan sin discusión?

M. J. G.: –Ellos hacen pie en lo que los otros les asignan. No tienen más remedio que actuar lo ficcional. Ponen al otro como pantalla de proyección de los propios deseos y necesidades. Hay una frase que define esto muy bien y es “Aquí todo es real, empezando por nuestros deseos”.

–¿La hija sufre esa confusión?

P. A.: –Ella sí, porque es la víctima de estos monstruos. En nuestra lectura de la obra, si hubiese que encontrar al propio Puig en alguno de estos personajes, él sería la hija: una exiliada, una síntesis de lo nacional expresada en una identidad que no terminó de fraguar. Como si estuviese presa en un cuerpo que no le pertenece, abducida por la familia y lo que escucha por la radio.

–En vista de las múltiples posibilidades que abren los acontecimientos, ¿tuvieron la necesidad, como actores, de elaborar una versión propia de los sucesos?

M. J. G.:
–No, porque es más interesante detenerse en lo que deja ver este realismo desenfocado. El mecanismo de lo que pasa en escena es más fuerte que poner en duda o no lo que sucede en la trama. El de Puig es un teatro muy divertido pero a la vez, incómodo.

–¿Costó encontrar el código de actuación?

P. A.:
–Cruzamos varios registros, pero buscando confluir en un punto de encaje: estamos del lado de los recursos actorales nacionales, como el radioteatro o el melodrama. Pero hacemos una síntesis que tiene que ver con nuestra propia contemporaneidad, con todo lo que somos hoy.


Fuente: Página/12

La ficha

Miguel Ángel Solá y Daniel Freire: El veneno del teatro



"Ojalá podamos ir y volver con futuras obras"

Los actores argentinos, radicados en España, estrenan  El veneno del teatro.  “Es un sueño hecho realidad para nosotros”, aseguran.

Aquí" y "allí" son palabras que van y vienen durante la toda conversación. Y es que las vidas de los actores argentinos Miguel Ángel Solá y Daniel Freire permanecen marcadas por esa extensa línea imaginaria que une Buenos Aires con Madrid.
En esta oportunidad, el "allí" tiene que ver con la capital española, el lugar que eligieron para vivir al menos desde hace 13 años; el "aquí", en cambio, hace referencia al suelo porteño que los vio desarrollarse como artistas, el mismo al que ahora regresan para representar El veneno del teatro, del catalán Rodolf Sirera. La obra, estrenada en Madrid en noviembre pasado, los juntó por primera vez en escena, y dejó a las claras la notable química y profesa admiración que existe entre ellos.
Se conocieron en España a través  de amigos en común, aunque silenciosamente se habían seguido los pasos muy de cerca. Freire, sin embargo, remonta su recuerdo a 1981, cuando él se iniciaba en el oficio: "Miguel presentaba una película en La Plata y, dentro de sus reflexiones, dijo que la vida productiva de un actor empezaba recién a los 35 años, que ahí es cuando se comienza a cosechar lo que uno venía sembrando. Eso me marcó profundamente." Solá le quita importancia a sus propias palabras. "Fue una pavada lo que dije", admite con una sonrisa tímida.

–¿Cómo viven esta primera oportunidad de compartir escenario?
Daniel Freire: –Muy feliz. Muchas veces quise traer aquí las obras que estaba haciendo en España pero nunca he podido. Por eso, cuando llega la propuesta de esta pieza junto a Miguel y con funciones en la Argentina fue como alcanzar un gran sueño. Era mi gran sueño volver aquí a hacer teatro después de 13 años.
Miguel Ángel Solá:– Yo también estoy feliz. Daniel es un actor de esos que dejan la vida en el escenario, que creen y convierten en una verdad todo lo que hacen. Tengo la suerte de observar día a día cómo va buscando variantes a su trabajo, sin deshacer lo ya establecido sino complementando. Estoy muy orgulloso de él como compañero, sobre todo porque el trabajo de teatro es complicado cuando no encontrás eco en el otro...
–Mucho más cuando se trata de una puesta con sólo dos actores, ¿no?
M.A.S.: –Claro, lo que pasa es que desde antes nos queremos, nos respetamos y deseábamos trabajar juntos. Eso facilita mucho. Después la vida te va diciendo si esa persona es un par, un tipo hecho de tu misma madera. Con Daniel tenemos una identidad y una raíz común: estamos unidos al lugar en el que nos desarrollamos, en el que crecimos y tuvimos nuestras primeras experiencias como actores, en el que la gente pagó una entrada para vernos. Ojalá esto signifique la posibilidad de que, tanto con esta como con futuras obras, podamos ir y volver, cruzar el océano y recuperar sonidos, olores, formas de conversar, ideas...
–¿Qué pueden contarnos de El veneno del teatro?
D.F.: –Es una obra que habla del poder, que habla de la verdad y de la ficción, del arte y de la locura, de los vínculos humanos y de cómo a veces nos dejamos sugestionar e invadir por ideas de otros... También pone el acento en que las ideas no son buenas ni malas, sino que ese valor depende de a servicio de qué intereses se pongan.
M.A.S.: –En esta historia se plantea qué es el teatro. Cada uno con su librito podría responder de cientos de maneras distintas y todas podrían ser válidas, incluso esas que uno no comparte. Pero creo que lo sustancial tiene que ver con la condición humana de mantener la dignidad.
–¿Cómo esperan que sea este reencuentro con el público argentino?
D.F.: –La ilusión de que nos vaya bien siempre está, creo que el espectáculo es pequeño pero agradable de ver y que aporta. Somos dos actores sobre el escenario con una estructura muy firme y con trampas que sabemos superar.
–¿Se siguen poniendo nerviosos antes de un estreno?
D.F.: –Yo quiero ser carnicero hasta que piso el escenario (risas). Pero cuando salgo a escena siento que una mano me empuja hacia adelante y ya no puedo volver. Y además, en este trabajo, estamos los dos todo el tiempo acompañándonos... Me siento muy protegido, porque sé que si meto la pata la respuesta inmediata de Miguel va a ser arrojar una soga para rescatarme.
M.A.S.: –Capaz yo soy más frío, pero a mi me gusta estar arriba del escenario y actuar... A Daniel también, obviamente, pero los procesos son diferentes.
–¿Qué cosas extrañan estando en España desde hace tanto tiempo?
M.A.S.: –Bueno, esto de estar hablando frente a frente, sentados en un café, arreglando el mundo y contándonos nuestras vidas. Eso se extraña. A mi hermana, a mis amigos... Y también está la forma de entender el teatro. Aquí los roles dejan de tener importancia porque lo que realmente vale la pena es apostar a la mejor idea, a la emoción, a la mejor manera de relacionarse. Allá los roles son muy específicos y generan una disciplina más militar que creativa. Igualmente ahora extraño a mi novia –la actriz española Paula Cancio–, que se tuvo que quedar en Madrid.
DF: –Yo extraño a la gente, por sobre todas las cosas. Ciertas costumbres nuestras, como que pase un amigo a tomar unos mates sin previa cita... También el "lo atamos con alambre" tan argentino, lo caótico; en España hay cosas que tienen mucho valor artístico porque por detrás cuentan con un gran valor económico, y aquí muchas veces hemos tenido expresiones artísticas de un valor absoluto sin un puto mango detrás. Es otra forma, pero lo cierto es que vengo a Buenos Aires y extraño "el allí", lo cual es lógico porque tengo mi pareja y parte de mi familia en Madrid.
–¿Se piensa en volver a veces?
M.A.S.: – Lo que pasa es que cuando llego acá extraño a la Buenos Aires en la que me crié. Buenos Aires es para admirarla del primer piso para arriba, ahí donde están los recuerdos de los sueños que hubo acá. Cuando bajo la vista y me encuentro con la planta baja de Buenos Aires, descubro que es la pesadilla del sueño; una pesadilla que no se termina de convertir en la definitiva sino que siempre puede ser peor. A mi me agota mucho eso. Y después, claro que me encantaría volver y estar cerca de mi hermana y mis amigos, pero tengo dos hijas y una novia... Todo depende de donde quieran ellas hacer su vida, no es una decisión sólo mía.
D.F.: –Creo que lo bueno de nuestro oficio es que uno va sumando espacios, no restando. Siempre uno está volviendo, aun cuando esa Buenos Aires que uno vivió ya no es la misma. Me pasa, por ejemplo, de caminar por las calles donde antes había emblemáticos teatro o cines y encontrarme con iglesias, estacionamientos, bingos... Pero también soy consciente, justamente porque he tenido la posibilidad de vivir a 14 mil kilómetros y en una sociedad supuestamente diferente, que eso es algo que sucede globalmente, que no pertenece sólo a la realidad Argentina.
–¿Cómo viven, desde su lugar de artistas, la crisis en España?
M.A.S.: –Al principio me reía y pensaba: "No saben lo que es una crisis." Y después te encontrás con que sí, con que ha venido un daño muy poderoso. La diferencia entre Madrid y Buenos Aires es que en Madrid hubo la voluntad política y de los ciudadanos de no dejar que la ciudad se deteriore. Aquí Buenos Aires ha pasado a ser la tierra de nadie; en Madrid te puede ocurrir cualquier cosa, pero aquí te ocurre.
D.F.: –Hay grandes diferencias en las formas de vivir y de percibir las crisis. Aquí, desde lo artístico, la creatividad aflora y se desborda ante una crisis. Ciclos como Teatro Abierto o Teatro X la Identidad fueron respuestas a una realidad que no convencía, por ejemplo. En España, en cambio, eso no sucede; si bien muchos artistas han salido a apoyar a los movimientos que hacían reivindicaciones, no se ha manifestado un movimiento artístico como expresión de esas necesidades. No existe ese aprendizaje aún.  «

Freire, el otro hombre de Bolivar, y Solá, el heredero

“Sólo tuvimos una novia en común, pero nunca nos cruzamos”, bromea Daniel Freire sobre Marcelo Tinelli, también oriundo de la localidad bonaerense de Bolívar. “Cada tanto vuelvo a visitar a la familia que quedó allá”, dice, ahora sí, seriamente, el actor que en 1999 se fue a España “por cuestiones personales”. Por entonces no sabía muy bien si iba a poder seguir adelante con su carrera, pero valía la pena intentarlo. Y no se equivocó: el cine le abrió rápidamente las puertas –trabajó, por ejemplo, bajo las órdenes de Bigas Luna en Lucía y el sexo–, y el teatro le deparó exitosos protagónicos como el de Bent (2005/2006). En televisión, en tanto, cautivó al gran público con su rol en la serie médica MIR y, más recientemente, en la popular Doctor Mateo. De su paso por Argentina, recuerda su papel en la película Un muro de silencio (de Lita Stantic) y participaciones televisivas en Más allá del horizonte, Verdad/Consecuencia y Campeones, entre otros programas.

Fue casi inevitable: hijo de la actriz Paquita Vehil, Miguel Ángel Solá pasó a integrar de muy buena gana la novena generación de artistas en su familia. Así, se inició muy joven dentro del circuito teatral independiente al tiempo que componía pequeños roles en televisión. Pero en 1976, su nombre cobró trascendencia gracias a su gran interpretación –que incluía un osado desnudo– en la puesta Equus, bajo la dirección de Cecilio Madanes.  En cine, se destacó en películas como Momentos (de María Luisa Bemberg), No habrá más penas ni olvidos (de Héctor Olivera), Asesinato en el Senado de la Nación (de Juan José Jusid) y Sur (de Fernando “Pino” Solanas).
Instalado en Madrid desde 1998, consiguió allí también afianzarse como actor de teatro, pese a que ha filmado una decena de películas y ha participado en otros tantos programas televisivos. A los 62 años, vuelve al país para demostrar que su proverbial talento para componer a las más disímiles criaturas sobre las tablas sigue intacto.

Duelo actoral en escena

En El veneno del teatro, un excéntrico personaje (Miguel Ángel Solá) invita a su residencia a un reconocido actor (Daniel Freire) para ofrecerle una obra de su autoría. Sin embargo, el encuentro muy pronto dejará a la vista que se trata, en realidad, de una trampa para someter al actor a "un cruel experimento sobre realidad, ficción y representación, llevadas al extremo".
Con adaptación de José María Rodríguez Méndez y dirección del español Mario Gas, esta obra de Rodolf Sirera se estrenó en los Teatros Del Canal de Madrid el pasado 29 de noviembre. La crítica fue unánime al momento de resaltar la puesta y el interesante duelo actoral que llevan adelante los dos protagonistas. A partir de este miércoles subió a escena en el Maipo (Esmeralda 449), con funciones de martes a viernes a las 20:30 hs, y sábados y domingos a las 20 hs.


Fuente: Tiempo Argentino

miércoles, 9 de enero de 2013

Tango feroz


Hay ideas que no se venden

Ariel del Mastro es un innovador, y una vez más lo demostró. Superó la prueba de llevar una película a las tablas, y le regaló al público una obra para disfrutar en este verano porteño.

"Tango feroz". Idea y dirección general: Ariel Del Mastro. Guión: Aida Bortnik y Marcelo Piñeyro. Adaptación: Joaquin Bonet. Elenco: Fernando Dente, Florencia Otero, Federico Salles, Germán Tripel, Tony Lestingi, Eliseo Barrionuevo, Mariu Fernández, Sofía González y Federico Llambi. De miércoles a domingo, a las 21, en el teatro Tabarís, Corrientes 831.

El martes en el Tabarís, se respiraba aire de rock, aire joven, aire libre. "Tango feroz", la exitosa película de Marcelo Piñeyro que batió todos los records hace veinte años, tuvo su debut en forma de pieza teatral a través del talentoso Ariel Del Mastro. Entre canciones, romances y sueños de un mundo mejor, se logró reflotar una historia inolvidable y demostrar que muchos, como el mítico José Alberto Iglesias, más conocido como "Tanguito" (1945-1972), vivieron su vida en libertad y fieles a sí mismos, a pesar de todo.
Con la trama de amor entre Tango (Fernando Dente) y Mariana (Florencia Otero) como eje conductor, la obra muestra a un grupo de jóvenes rebeldes, soñadores y con ganas de cambiar el mundo. Un puñado de almas llenas de ideas y proyectos desinteresados, que a cada momento se manifiesta en contra de los designios de la sociedad, las figuras establecidas, y todo lo que tenga que ver con respeto al orden.

TIEMPOS DIFICILES
Suenan "El amor es más fuerte", "Amor de primavera" y varias más en el célebre bar-teatro La Cueva, cuna del rock argentino y el lugar elegido por Tango y sus amigos Pedro (Federico Salles), Willy (Germán Tripel), Juan (Eliseo Barrionuevo), Silvia (Mariu Fernández), La Negra (Sofía González Gil) y Fernando (Federico Llambí) para hacer música, pero las cosas se complican.
"Se va a venir algo muy pesado pibe" le dice a Tango el "Lobo", un policía encarnado por el experimentado Tony Lestingi, y no se equivoca. El músico es encarcelado un año por supuesto tráfico de drogas, los derechos de autor de "El amor..." son vendidos por su amigo Willy, y al salir de la cárcel nada es como era para el tan complejo como talentoso artista.
Quien tuvo la oportunidad de ver la película de 1993, sabe lo que viene luego pero no se puede frenar la emoción.
El grupo de actores jóvenes interpreta a la perfección cada parte del argumento y cada escena, incluso aquellas emblemáticas donde Tango y Mariana consuman su amor (con un desnudo total de Dente y Otero incluido), o la del cierre de La Cueva con "Presente" sonando de fondo, respeta a rajatabla la esencia del filme.
Ariel del Mastro es un innovador, y una vez más lo demostró. Superó la prueba de llevar una película a las tablas, y le regaló al público una obra para disfrutar en este verano porteño.

Fuente: La Prensa

De miércoles a domingo, a las 21, en el teatro Tabarís, Corrientes 831.

Adriana Aizemberg: Bajo un manto de estrellas


Una comedia con mil recuerdos

El admirado autor de "El beso de la mujer araña", Manuel Puig, escribió "Bajo un manto de estrellas", durante su exilio en Brasil, en 1981. Con elementos del viejo folletín radiofónico, la obra, que se estrenará hoy, a las 21, en La Comedia, de Rodríguez Peña al 1000, plantea una historia en la que coinciden la intriga, la mentira, la locura y el engaño.

Mientras se prepara para uno de los últimos ensayos, Adriana Aizemberg destaca que la obra tuvo su "bautismo" frente al público, el 28 de diciembre, en el teatro Municipal de Villegas, provincia de Buenos Aires, ciudad en la que vio la luz Puig, en 1932 (falleció en México en julio de 1990), en el marco de los festejos del ochenta aniversario de su nacimiento.

ESTADO DE LOCURA
"Fue muy emocionante para nosotros actuar frente a algunos de sus familiares y la gente de su ciudad, la que lo reconoce como una de sus figuras más relevantes. Hay que tomar en cuenta que su trayectoria tuvo un amplio reconocimiento en los Estados Unidos y Europa, con la publicación de "La traición de Rita Hayworth" y luego cuando se hizo la película de "El beso de la mujer araña", con Raúl Juliá y William Hurt, en 1985".
"Para mí es un orgullo que me hayan ofrecido actuar en esta obra, de la que no sabíamos que existía y cuyos personajes parece que vivieran inmersos en una burbuja de locura, en un estado de cierta ensoñación, en la que pasan del pasado, al presente en una misma escena y no tienen un nombre específico, se los denomina como "dueña de casa", "dueño de casa", "la hija". Es una obra para ver, no para leer, porque tiene mucho de cinematográfico, a la vez es una mezcla de comedia brillante norteamericana y de folletín radial bien porteño".

UN AUTOR UNICO
Asimismo la actriz destaca que "Manuel Puig ha sido único dentro de nuestro dramaturgia, en la que contamos con autores de la talla de Carlos Gorostiza, o Roberto Cossa, que están más ligados al teatro rioplatense".
Ganadora del premio a la mejor actriz en los festivales de cine de Huelva y Trieste, por su protagónico en la película "La vieja de atrás", con cincuenta años de trayectoria en el teatro, la televisión y el cine, Adriana Aizemberg, también destaca que "uno de los aspectos de la obra, es la variedad de matices de personajes como el mío, que primero soy una esposa sumisa, cansada y luego paso a ser una amante fogosa, o la madre cariñosa de esa chica adoptada por ella y su marido, cuando sus amigos murieron".
Con humor, antes de despedirse Adriana Aizemberg destaca que vio muchos filmes argentinos de la década de 1950, en la que está ambientada la pieza, para inspirarse. "De modo que me siento como una Fanny Navarro, en mi papel de "dueña de casa", dice con una amplia sonrisa".

Fuente: La Prensa

El veneno del teatro



Solá prueba "El veneno del teatro" en el escenario del Maipo

El actor regresa al país con esta pieza del valenciano Rodolf Sirera y compartirá escenario con Daniel Freire, dirigidos por el catalán Mario Gas.

Solá regresa al país pocos meses después de haberse presentado en el teatro SHA con la comedia musical "Como por un tubo", pero en este caso vuelve a un teatro más clásico para ponerse en la piel de "un hombre bravo, de dudosa personalidad, los personajes que me suelen adjudicar, será por la cara que tengo", ironiza en diálogo con Télam.

La pieza, estrenada en Madrid el 30 de noviembre con buena recepción de crítica y público, narra el raro encuentro entre dos arquetipos: un poderoso señor de excéntricas costumbres (Solá) y un reconocido actor (Freire) que llega para ofrecerle una obra de su autoría que aborda la muerte de Sócrates.

Hablando sobre la forma como construyó este personaje, Solá comenta: "con este rol intento trabajar el mal del mundo. La persona que hace planes para atrapar la conciencia de otro es un ser malvado, ya sea que lo haga por miedo, convencimiento o por bestialiad. Estos personajes muestran la personalidad de un estado, cuya única ley tolerada es aquella que impone".

La trama de "El veneno del teatro" se ubica en la Europa de entreguerras, lejos del escenario originalmente ideado por Sirera que situaba la acción dramática en 1784.

El cambio de escenario cronológico es según Solá "un acierto que aligeró toda la cuestión de los afeites del siglo XVIII y situó a la obra en un período de entreguerras, muy nihilista, durante el cual se hundían ciertos conceptos y aparecían la xenofobia, el fascismo y sus muertos".

El actor destaca que, "mientras elaboro un personaje, siempre hay una mente que sabe lo que es el bien y el mal. No creo en lo de la conciencia vacía. Para no contagiarte, para que no te haga mal, es fundamental viajar de un extremo al otro del péndulo de conductas, sin estacionarte."

Además de esta obra teatral, Solá se prepara para el estreno de la serie televisiva "Germán, últimas viñetas", dirigida por Cristian Mariano Bernard, Flavio Cesar Nardini y Federico Sosa, donde encarna a Héctor Germán Oesterheld, el creador de "El Eternauta", en sus últimos años de vida, y que se verá en marzo por Canal 7.

Quien fuera uno de los creadores de La típica en leve ascenso, asegura, refiriéndose a esta experiencia televisiva, que "fue muy lindo filmarla, una criatura que disfruté, pero a la vez sabía que estaba narrando el peor genocidio familiar cometido aquí, donde la esposa de Oesterheld aún sigue buscando a sus nietos".

El actor asegura que "la televisión es un medio que me permitió reencontrarme con una forma de trabajo que me otorga el permiso para estar en todo. Me encanta atarlo con alambre y palito y que funcione. Los argentinos somos aptos para todo, ya que los roles laborales por ejemplo en la tele, no son fijos".

Aunque se autodefine como alguien no mediático ni masivo, "hice poca tele y buena, pero la gente me recuerda. Me encantaría que me llamaran para la televisión. No trabajo en El Trece desde hace 30 años, en canal 11 trabajé seis veces, y en canal 9 hice dos ciclos, aunque Romay justo se olvidó de pagarme".

Esta suerte de thriller teatral que se estrena hoy espera seguir en cartel por bastante tiempo aquí, para luego emprender una gira por el país y regresar a la temporada española en septiembre.

Las funciones de "El veneno del teatro" de Rodolf Sirera, con dirección de catalán Mario Gas, se realizan de martes a domingos en el teatro Maipo (Esmeralda 443), a las 20.30

Fuente: Télam

El león en invierno



Fanego y Manso, grandes presencias en "El león de invierno"

Daniel Fanego y Leonor Manso son los puntales de "El león en invierno", la pieza de James Goldman que dirigió Pompeyo Audivert con buen ojo escénico y que se puede ver en el porteño teatro Regina.

Con base en personajes históricos -Enrique II de Inglaterra, Leonor de Aquitania-, relata el reencuentro de ambos en una Navidad del siglo XII y la reunión con sus tres hijos varones y candidatos a la sucesión.

Según Goldman, la familia no es lo que se dice normal, porque en ella el poder o el ansia de tenerlo desbaratan los elementales vínculos afectivos, si fuera verosímil que en aquellos años las redes amorosas tuviesen que ver con las actuales.  

El asunto es que el bueno de Enrique, un hombre de genitalidad bestial y el cinismo que le da su alcurnia, recibe en Navidad a su esposa Leonor luego de haberla encarcelado diez años, con la esperanza de retener a su joven amante (María Alché, de "La niña santa").

Es que la chica, criada por la reina, debería casarse con uno de sus hijos, Ricardo (luego "Corazón de león", Sergio Surraco), para no perder unas tierras frente al rey de Francia Felipe II (Ignacio Rogers), pero los deseos de Enrique serán impermeables a esa perspectiva.

Hay también dos hermanos, Godofredo (Fabio Di Tomaso) y Juan (futuro "Sin Tierra", Manuel Fanego), el primero notoriamente retorcido y el segundo bastante tonto, lo necesariamente útiles para las trapisondas de los verdaderamente poderosos.

La pieza original fue estrenada en Broadway en 1967 y tuvo su versión en el cine con el aderezo de cabalgatas y grandes batallas, estelarizada por Peter O`Toole y la excelsa Katharine Hepburn, quien ganó el tercero de sus cuatro Oscar de Hollywood.

El asunto planteado por Goldman tiene sus veleidades shakesperianas en cuanto a intrigas, metáforas en los parlamentos, espadeos y hasta una referencia directa a "Rey Lear", también en trámite sucesorio aunque con hijas mujeres.

La versión de Audivert, que cuenta con un eficaz dispositivo escénico de Ana Audivert y buen acompañamiento de Carmen Baliero -algo influido por Michael Nyman- basa su efectividad sobre todo en Fanego y Manso, quienes podrían haberse recostado en O`Toole y Hepburn pero prefirieron tomar un camino propio.

Fanego aportó a su Enrique una dualidad muy efectiva entre soberbia y deterioro físico y lució el vozarrón conseguido en su madurez, notorio en "Medea" y "Viaje de un largo día hacia la noche".

Manso impuso su fuerte presencia escénica e impregnó su personaje con brechas de debilidad que Hepburn desdeñó y fue dueña de las mayores risas de la noche, ya que a través de la ironía esta pieza que se presenta como una tragedia del poder se revela como comedia de intrigas.

Junto a ellos, Surraco ratificó su carácter sanguíneo para mostrar que es uno de los mejores de su generación y Alché sobrevivió con altura a ciertos parlamentos enrevesados que podrían limarse, además de pronunciar algunos dislates centroamericanos de la traducción.

Hay una notoria distancia entre el cuarteto y los tres actores más jóvenes, con problemas de posturas y voces, pero igualmente no es un descuento en una puesta de gran teatralidad, perjudicada eso sí por un texto que inevitablemente se debilita en los últimos tramos.

"El león en invierno" se ofrece en el teatro Regina, Santa Fe 1235, de jueves a sábados a las 21 y domingos a las 20.

Fuente: Télam
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